12/16/2013

LOS TRES JÓVENES PEREZOSOS


Cuentan que, en una comunidad vivía una mujer con sus tres hijos, ella ya era anciana no podía trabajar la chacra y cada vez más sus alimentos que había guardado estaba escaseando. Un día cuando ya comenzaba la época de la siembra, la mujer a sus hijos les dijo: vayan a barbechar la tierra para sembrar papas, ellos dijeron: si mamá; entonces esa mañana se fueron hacer la chacra llevando su fiambre. Pero ese día no habían hecho nada los tres hermanos. En la época de la siembra les dijo: que vayan a sembrar, ellos dijeron si mamá, la madre les puso buen fiambre y los jóvenes en la parcela donde deberían de sembrar se dedicaron a jugar y se echaban. Así ellos engañaban a su pobre y triste madre. Luego llegó la época de la cosecha y la madre les ordenó que fuesen a escarbar papas nuevas, y ellos se fueron a la chacra, escogieron las mejores matas de la chacra ajena, y llevaron la papa para que cocine la madre, su madre se sintió muy contenta porque sus hijos llevaron papas grandes. Les felicitó, luego la mujer se dirigió a la chacra de papas para escarbar y miró la chacra que tenía las mejores matas y dijo: esta debe ser la chacra que han hecho mis hijos trabajadores.

La mujer empezó a escarbar, cuando estuvo escarbando se le acercó una persona y le dijo: oye mujer ociosa que haces escarbando mi chacra. La mujer le dijo: yo estoy escarbando lo que han trabajado mis hijos. El dueño le dijo: tus hijos perezosos no han hecho nada, cada vez que venía a la chacra se echaban y jugaban y por la tarde regresaban a su casa. Así la madre recibió castigo.

La mujer de pena y llorando retornó a su casa a sus les dijo: jóvenes ociosos, donde está la chacra que han trabajado, ustedes me han mentido, él dueño me a pegado por culpa de ustedes. Los tres hermanos imforecidos respondieron mamá: ahora verá la chacra que hemos trabajado, todito lo cosecharemos, mencionando estas palabras, se fueron convirtiéndose: el menor en viento, el intermedio en granizo, y el mayor en la helada.

Desde ese día, se le conoce al viento, al granizo y a la helada como los jóvenes perezoso y ladrones de la chacra.

LOS MÚSICOS Y EL ENCANTO   

Para una fiesta de “Casarasiri” (matrimonio) una familia había contratado una banda de músicos. Esta tenía un contrato para todo el día, pero cuando llegó la noche, los músicos ya estaban borrachos, es que había tomado mucha cerveza, pero como estaban borrachos ya no les importaba nada. El dueño de la fiesta les daba más cerveza para que toquen. Ya era cerca a las 12:00 de la noche que decidieron irse. Se fueron tocando por la pampa, tomando y tocando. Así, tan borrachos en la noche se les apareció un hombre, para ellos era como si fuera de día, ese hombre les dijo: les voy a pagar todo lo que quieren señores músicos. Bueno, hicieron otro contrato. Entonces les hizo caminar por una ciudad, los músicos asombrados. Pero antes de entrar por la puerta uno de los músicos se quedó a orinar, cuando todos entraban, él se ha desesperado porque no acababa de orinar y de pronto se cerró la puerta, él músico empezó a tocar la puerta, pero nadie le habría, tanto fue que tocó se cansó, entonces furioso se decidió seguir caminando, mientras tanto se escuchaba la banda. Así él músico llegó a su casa en la madrugada, más tarde las esposas de los demás músicos preguntaban donde están sus compañeros, él un poco mareado le dijo: se fueron a tocar a otro sitio, cuando estuvimos viniendo se hizo la contrata. Al saber la noticia todos los familiares decidieron ir al sitio, él los llevó, es aquí dijo, los familiares solo vieron un cerro y se escuchaba la banda de músicos, entre ellos se miraron. El músico dijo: esta parte del cerro era una puerta dorada y ahora no hay nada, sólo estás rocas nomás.

Así, que durante una semana seguía tocando de día y noche, esto ha desminuido cada día poco a poco. Por este motivo se dice que cuando contratamos una banda de músicos se deben irse antes de media noche a su comunidad, porque les puede coger el encanto.



 

EL Hijo del Misti     


Un día la corteza terrestre vio nacer a un cerro llamado hijo del Misti, por estar muy cerca de su padre. El padre de alegría expulso cenizas, vapor de agua, lava fuego. Al finalizar la cresta de la tierra se vio mortificada, el padre había perdido en ese alborozado momento, la parte cónica de su belleza singular. Con el transcurso de los años, la alarma creció el mistisito estaba creciendo en un lugar mal ubicado, donde provocaría que su padre erupcione y además el Chachani pelee con el mistisito, su sobrino, para existir y como es normal su hermano el Misti saldría en defensa de su hijo y se produciría un gran enfrentamiento y la pelea se expandiría al Pichu Pichu y otros volcanes.

Los primeros en evitar que este siga creciendo fueron los gentiles que vivían en las laderas del río chili, estos se abrumaron y pensaron que lo mejor sería irse a vivir a otro lugar, pero del firmamento apareció unos objetos brillantes, con muchas luces azuladas, verdosas, estas naves silenciosas bajaron y se posaron muy cerca de los gentiles, de esta salieron unos hombrecitos pequeños del tamaño de los gentiles, ellos hicieron amistad conversaron lo necesario y ambos se despidieron a cumplir cada con su promesa.

Todos los gentiles bajaron de la superficie de la tierra varios kilómetros y así llegaron al centro de la tierra. Ellos pronunciaron palabras mágicas con lo que consiguieron atraer mucho oro en los bolsillos.

Al regresar a sus casas empezaron a fabricar con este mineral eslabones abiertos a su extremo, tal como era lo convenido con aquellos, Hombrecillos.

Pasaron varios meses hasta que un atardecer todos los gentiles caminaron en dirección al Mistisito y allí se reunieron llevando sus eslabones y más noche ya habían formado una larga cadena de oro, con lo que encadenaron al hijo del Misti con varias vueltas.

Al finalizar esta promesa, las naves silenciosas al ver que los gentiles habían cumplido su promesa empezaron a lanzar desde sus naves un rayo de fuego a la tierra abriendo grietas profundas y así fue como cortaron las raíces del Misticito. Terminando con esta promesa ambos se despidieron y muy satisfechos.                                                                                                                   

Han pasado miles de años, los gentiles han desaparecido de la faz de la tierra, el Misticito empezó a hacer fuerza queriendo romper la cadena, y por las noches se veía desde lejos que el Misticito botaba leguas de fuego por la cintura y además se escuchaba de el” voy a crecer tan grande como mi Padre”.

Un arriero que fue testigo de esto, se dirigió a la ciudad a decir a todos los arequipeños, que el Misticito tiene mucho poder y que todos de la ciudad deben evitar su crecimiento cruzando su cuerpo con fajas de fierro, amarrándolo y así nunca llegue a ser como su padre el Misti.

Fue un padre Sabuesa quien detuvo el crecimiento del pequeño volcán, mandando a construir unos enormes zunchos de fierro y con ellos amarró al Misticito de tal manera que ya no pueda crecer.

Vieron el Diablo


Situado en la calle de Santa Rosa, casi cerrando la de Santa Teresa, existe en Arequipa una caserón, cuya pared del sur es medianera con el monasterio de la santa límense. Por detrás, formándole fondo, se extienden las chácaras. Tambo de Santiago es el nombre con que se ha conocido siempre, hasta que, en los últimos tiempos, dejó de ser posada unas veces y cuartel otras para remozarse con el aspecto de casa habitación por familias. Que quién fue ese Santiago, me preguntará sin duda la curiosidad insatisfecha. Pues no lo sé, y se la dejo a los futuros tradicionistas para que se devanen la paciencia en averiguarlo. Puede que fuese el primitivo propietario del caserón o algún tipo popular En el albergado, en el caso que en el viejo Tambo había un cuartucho que, por hallarse a algunas varas sobre el nivel del suelo, tenía una pequeña escala de sillar, y que en ese cuartucho habitaba Doña Mariquita, la Montufar, señora que era una viejecilla cuyo molde barrunto ya se ha roto en Arequipa. Pequeña, encorvada por los años, de expresión apacible, pobre, pero decentemente vestida, doña Mariquita no se preocupaba por la lucha cruel de la existencia. Después de oír muy de madrugada la primera misa y de encomendar, con masculleos interminables, a justos y pecadores, pasaba el día prestando servicios aquí y allá, por apego a la casa de personas conocidas, sin remuneración, sin otro gaje que el resto de comida que unas veces le daban aquí y otras allá.

Resto de comida era ese que la santa señora llévaselo a su cuartucho en la respectiva ollita de barro, y allí, muy tapadito, preservándolo de perros y gatos, lo guardaba hasta el siguiente día, y al siguiente día, sin recalentarlo, frío grasiento, ticca, como por acá dicen, se lo saboreaba con el más grande contentamiento del mundo. Y jamás le causó daño la imponderada bazofia.

Prueba evidente de santidad era ésta para los malandros de mi tierra, que, por lo visto, nunca tropezaron en su almanaque con Santa Higiene. Añádase que para Doña Mariquita era cosa corriente conversar a cualquier hora con los grandísimos ociosos de la corte celestial, por cuya envidiable preeminencia el demonio le cobró tal ojeriza que, con más terquedad que impertérrito piquín, la perseguía, apareciéndosele en el rato menos pensado, a la menor volteada del rostro.

Cierto mataperros, que, a vivir en los modernos tiempos, hubiera sido incomparable jefe de palomillas, se propuso jugarle una pasada. Y, dicho y hecho, después de desnudarse, se restregó todo él con cabezas de cerillas, que lo dejaron ígneo, fosforescente, fulgurando como verdadero condenado. Y así, en la obscuridad de la noche, ovillándose casi, se agazapó a la puerta del cuartucho y esperó a que los instantes pasaran.

No transcurrieron muchos, cuando doña Mariquita, cargada con el peso de la edad, ítem más con la consabida ollita, se apareció en el primer peldaño. Ver la bola de fuego y hacerle cruces e invocar a Jesús, María y José, todo fue uno. Pero, como acostumbrada estaba a la persecución de! diablo y a ponerlo-en fuga con sólo trazar cuatro garabatos en el aire y murmujear el principio de un rezo, no se detuvo, y prosiguió la anciana segura de que el maldito se haría humo. Mas el maldito comenzó a desovillarse y a erguirse y a crecer y a asumir forma humana. No esperó más doña Mariquita, que, en su idiotez mística, pudo darse cuenta de que esta vez no era como en las otras, y, lanzando estridente grito, se arrojó gradas abajo.

Cuando los numerosos vecinos del Tambo acudieron al grito, la encontraron exánime, con un pie dislocado y con alguna salpicadura de sangre en la cara. Cerca de ella, esparcidos entre restos de comida, yacían los fragmentos de la ollita. Y por las chácaras, vieron que huía a todo correr una forma humana, hecha de fuego, fantástica, a la cual, en su espanto, hasta flameantes cuernos distinguían. No quedó diestra que no le hiciera cruces y cruces y más cruces, y a cada cruz el fantasma de fuego caía por tierra y en vano se levantaba porque era otra vez derribado por el signo cabalístico de los dedos, hasta que por fin se perdió en la lobreguez de la noche.

Volvió en sí doña Mariquita y duda no le cupo de que había visto al diablo en persona, y si duda hubiera, ahí estaban los numerosos vecinos que juraban y re juraban que el infernal bicho bicornado a cada tanda de cruces rodaba por el suelo. Mientras tanto el mataperros de la historia, que oía a los hombres del barrio conversar de la terrible aparición, a las mujeres deshacerse en ponderaciones y a los chiquillos llamar en su amparo a la mamá, callaba y se sonreía, recordando susto que se llevó al ver desbarrancarse a la viejita, la carrera desenfrenada a través de los campos recién segados, los tropezones continuos en los bordes y rastrojos, y la inquietud con que llegó al recodo en que había dejado oculto el lío de sus ropas.

Duendes

Muchas veces habrá oído hablar de los duendes dice que son pequeños hombrecitos de menudas proporciones, tienen una barba larga y a veces llevan un sombrero grande.Se dice del origen de los duendes son de aquellos niños que mueren sin ser bautizados o los fetos que fueron abortados y echados al río, también dicen que las mujeres que tenían relaciones fuera del matrimonio orinan duendes, para prevenir que niños fallecidos se conviertan en duendes es hacer un señal de la cruz con agua bendita y Juego enterrarlo junto al pequeño, la cruz también bendecida.
Los adultos no pueden ver a los duendes ya que estos son invisibles ante los ojos del adulto impuro, y visibles para los niños puros.Son pequeños seres traviesos, se divierten con los humanos, haciéndoles bromas de toda clase, ellos se esconden bajo las camas y los pesados muebles y en los cuartos oscuros, viven en los lagos que han sido engendrados en callejones oscuros, en los zaguanes mal iluminados o en la tibia intimidad de los maizales. Ellos hacen un sin fin de cosas, tocan el cuerpo de las personas y se esconden y agarran cualquier objeto y los ponen en cualquier lugar, anudan las piernas de los pantalones, también ocultan tesoros y saben dónde encontrar el Oro.
A veces tocan una flauta y atrapan la voluntad de la gente, dejándose llevar por su magia hasta sus dominios.Algunos duendes son viejos barbaros y pequeños, estos son malignos y peligrosos causan terror a quienes lo ven, a veces se pegan a las espaldas de los humanos y como no hay como desprenderse de estos, pueden conllevara la muerte.
También adormecen y reaniman a los hombres soplándoles el rostro, dicen que sus excrementaron color amarillo y cuando cae el sol se volatizan, muchas veces imitan el llanto del bebe, confundiéndolos.

12/02/2013

LA LEYENDA DEL LAGO TITICACA:
 "Origen de los Callawayas"

El gran lago Titicaca, de aguas dulces, el más grande de Sudamérica, a cuatro mil metros de altura en el Altiplano, ubicado entre Bolivia y Perú, era para los Incas un lugar sagrado, pues creían que allí habían bajado los primeros hijos del sol.

Cuenta la leyenda que en esa meseta estaba construida una gran ciudad, tan rica y poderosa, que sus pobladores se creían que todo el mundo debía mostrar sumisión ante ellos.

Llegaron a ella un grupo de andrajosos indios a quienes despreciaron y pedían que se fueran.
Estos indios andrajosos les profetizaron la destrucción de la ciudad a causa de terremotos, el agua y el fuego. Los pobladores de la ciudad se burlaron de estas predicciones y los expulsaron a golpes.

Sin embargo, los sacerdotes quedaron preocupados. Algunos hasta se fueron de la ciudad y se radicaron en el templo de la colina, La gente de la ciudad se burló también de ellos.
Llegó un día en que el cielo y la tierra se hallaron bañados por una luz roja que despedía una nube. Luego se escuchó un relámpago y un tremendo trueno, y la tierra se abrió. Quedaron edificios de piedra en pìe, pero comenzó a caer una lluvia roja, la tierra volvió a abrirse y uno a uno fueron cayendo las fuertes construcciones, los canales de riego se destruyeron, los ríos se desbordaron e inundaron lo poco que quedaba de la ciudad cuyos habitantes eran tan arrogantes y orgullosos.

Las aguas cubrieron todo, y desde ese momento se formó un gran lago sobre lo que fue la admirada y jactanciosa ciudad. Así se formó el Lago Titicaca. Sólo se salvaron los sacerdotes, pues ni el terremoto ni las aguas pudieron arrasar el Templo de la Colina, y quedó ese lugar como una isla, que hoy se llama Isla del Sol.

También se salvaron los indios harapientos que observaron preocupados, desde un lugar alto, la gran destrucción de la bella ciudad. De ellos nacieron los callawayas, que viven en el Altiplano y son los curanderos de grandes habilidades.


LEYENDA DEL TITICACA (Fiesta en el titicaca)

Las gaviotas andinas se habían encargado de llevar la noticia hasta los últimos rincones del Altiplano. Volando de un punto a otro, incansables, habían comunicado a todos que cuando la luna estuviera brillante y redonda, los animales estaban cordialmente invitados a una gran fiesta a orillas del lago. El Titicaca se alegraba cada vez que esto sucedía.
Cada cual se preparaba con esmero para esta oportunidad. Se acicalaban y limpiaban sus plumajes y sus pieles con los mejores aceites especiales, para que resplandecieran y todos los admiraran. Todo esto lo sabía Tatú, él quirquincho, ya había asistido a algunas de estas fastuosas fiestas que su querido amigo Titicaca gustaba de organizar. En esta ocasión deseaba ir mejor que nunca, pues recientemente había sido nombrado integrante muy principal de la comunidad. Y comprendía bien lo que esto significaba... Él era responsable y digno. Esas debían haber sido las cualidades que se tuvieron en cuenta al darle este título honorífico que tanto lo honraba. Ahora deseaba íntimamente deslumbrarlos a todos y hacerlos sentir que no se habían equivocado en su elección.

Todavía faltaban muchos días, pero en cuanto recibió la invitación se puso a tejer un manto nuevo, elegantísimo, para que nadie quedara sin advertir su presencia espectacular. Era conocido como buen tejedor, y se concentró en hacer una tramafina, fina, a tal punto, que recordaba algunas maravillosas telarañas de esas que se suspenden en el aire, entre rama y rama de los arbustos, luciendo su tejido extraordinario. Ya llevaba bastante adelantado, aunque el trabajo, a veces, se lehacia lento y penoso, cuando acertó a pasar cerca de su casa el zorro, que gustaba de meter siempre su nariz en lo que no le importaba.
Al verlo, le preguntó con curiosidad que hacía y este le respondió que trabajaba en su capa para ponérsela el día de la fiesta en el lago, el zorro le respondió que cómo iba a alcanzar a terminarla si la fiesta era esa noche. El quirquincho pensóque había pasado el tiempo sin notarlo. Siempre le sucedía lo mismo... Calculaba mal las horas... Al pobre Tatú se le fue el alma a los pies. Una gruesa lágrima rodó por sus mejillas. Tanto prepararse para la ceremonia... El encuentro con susamigos lo había imaginado distinto de lo que sería ahora. ¿Tendría fuerzas y tiempo para terminar su manto tan hermosamente comenzado?
El zorro captó su desesperación, y sin decir más se alejó riendo entre dientes. Sin buscarlo había encontrado el modo de inquietar a alguien...y eso le producía un extraño placer. Tatú tendría que apurarse mucho si quería ir con vestido nuevo ala fiesta. Y así fue. Sus manitos continuaron el trabajo moviéndose con rapidez y destreza, pero debió recurrir a un truco para que le cundiera. Tomó hilos gruesos y toscos que le hicieron avanzar más rápido. Pero, la belleza y finura iniciales del tejido se fueron perdiendo a medida que avanzaba y quedaba al descubierto una urdimbre más suelta. Finalmente todo estuvo listo y Tatú se engalanó para asistir a su fiesta.
Entonces respiró hondo, y con un suspiro de alivio miró al cieloestirando sus extremidades para sacudirse el cansancio de tanto trabajo. En ese instante advirtió el engaño... ¡Si la luna todavía no estaba llena! Lo miraba curiosa desde sus tres cuartos de creciente...
Un primer pensamiento de cólera contra el viejo zorro le cruzó su cabecita. Pero al mirar su manto nuevamente bajo la luz brillante que caía también de las estrellas, se dio cuenta de que, si bien no había quedado como él lo imaginara, de todosmodos el resultado era de auténtica belleza y esplendor. No tendría para qué deshacerlo. Quizás así estaba mejor, más suelto y aireado en su parte final, lo cual le otorgaba un toque exótico y atractivo. El zorro se asombraría cuando lo viera... Y, además, no le guardaría rencor, porque sido su propia culpa creerle a alguien que tenía fama de travieso y juguetón. Simplemente él no podía resistir la tentación de andar burlándose de todos... y siempre encontraba alguna víctima.
Pero esta vez todo salió bien: el zorro le había hecho un favor. Porque Tatú se lució efectivamente, y causó gran sensación con su manto nuevo cuando llegó, al fin, el momento de su aparición triunfal en la fiesta de su amigo Titicaca.

EL CANTO DE LA MUJER PEZ

Los cuentos y cantos de sirena se suceden casi día a día, pero en enero de 2001 el rumor fue más allá y se hizo noticia. El diario Extra anunciaba que habían atrapado una sirena viva en el Titicaca. “Era época de lluvias –rescata Max Tancara, quien rastreó al misterioso ser por medio lago–. Llovía día y noche y todos trataban de buscar una explicación al hecho. Hasta que las vendedoras de pescado lanzaron su respuesta: dicen que han atrapado una sirena,joven”.Y el Extra puso en marcha una de las investigaciones más extrañas de su vida“Recorrimos varias poblaciones del Titicaca –prosigue Max–. Algunos no sabían nada y otros nos iban dando pistas. Así hasta que llegamos a Santa Rosa de Taraco. Allá todo era silencio,nadie nos quería hablar.Pero en las casas que casi se metían en el lago encontramos lo que buscábamos. Según sus pobladores, uno de los vecinos, Macario Apaza, había encontrado la imagen de una sirena esculpida en piedra y fue a venderla a la Argentina. Para muchos en el pueblo esa fue la causa del desfase que atrajo inundaciones hacia el altiplano”.En La Paz fue tal el revuelo que se agotaron los ejemplares del Extra, en los minibuses se vendían las fotocopias a Bs. 1 y varios periódicos y semanarios le daban columnas a este suceso. Y las semanas siguientes a la primera publicación, el 29 de enero, las historias de sirenas llenaban con sus cantos los corrillos de mercado, las aceras y las tiendas de barrio.Todas tenían similares mimbres: atrapaban a la sirena, ella rogaba que no la sacaran de su lugar de origen y amenazaba con tormentas nunca vistas si no lo hacían. En algunos casos se hablaba de la red de unos pescadores de Tiquina en la que se había enganchado el ser mitológico y donde había muerto; otros decían que se la habían llevado a Puno; y algunos que medía entre 20 y 40 centímetros. Mientras la lluvia era tan intensa que ya afectaba a nueve comunidades de la zona y había arrasado con tierras, casas y cultivos cerca de ViachaY fue entonces que la atención se desvío para otro lado, hacia el puerto de Guaqui. La pintora Marta Cajías, una enamorada de estas ninfas, lo recuerda aún emocionada. “A mí me lo contó una comadre de Puerto Acosta. Me aseguró que la había visto. ‘Es rosadita y con muchos senos’, decía. Según ella, los militares del regimiento de la naval la metieron en una tina de cemento mientras les increpaba en aymara.Los soldados cobraban por dejarla ver, como atracción de feria, y muchos pobladores cuentan haberla espiado de las lomas

11/08/2013

EL AMIGO IMAGINARIO

Casandra era una tímida niña de seis años que prefería la compañía de sus muñecas a relacionarse con otros niños. Por este motivo no le resultó muy duro cambiar de casa y dejar atrás su antiguo barrio y colegio cuando sus padres decidieron mudarse.

Sus padres estaban preocupados por el cambio, pero sabían que con el tiempo acabaría disfrutando de su nuevo hogar. Una vieja mansión que tenía un gran jardín, con un columpio, un tobogán e incluso una pequeña casita de madera en el árbol.

La niña se acostumbró enseguida a su nuevo hogar. Pero tener tanto espacio para jugar la volvió incluso más retraída y solitaria. Casandra solía subir con sus muñecas a la casa del árbol y pasaba allí varias horas hablando sola, según ella con su amiga Ana. Los padres no le dieron mucha importancia pues sabían que a esa edad eran comunes los amigos imaginarios. Las vacaciones de verano pronto acabarían y con el nuevo curso escolar haría nuevos amigos en clase.
Los días pasaban y el comportamiento de la niña cada día era más extraño, casi no hablaba con sus padres y aprovechaba cualquier momento para “refugiarse” en su casita del árbol. Los padres podían escucharla hablar durante horas con su amiga Ana. Pero lo que más les preocupaba era que cada vez conciliaba peor el sueño, hablaba dormida y parecía sufrir pesadillas pues era habitual que entonara frases como “tengo frío”, “no puedo ver” o “ayúdame”. Una noche la madre sintió pasos en el pasillo, asustada avisó a su marido, quien salió a ver y se encontró a Casandra caminando sin rumbo, la niña parecía sonámbula y, cuando su padre la llamó, se despertó totalmente aturdida y sin saber qué hacía de pie fuera de su habitación.
Cada vez las incursiones nocturnas de Casandra eran más atrevidas y se alejaba más de su cuarto. Sus padres tenían miedo de que la niña saliera a la calle, sola y por la noche. Así que decidieron llevarla a una clínica del sueño en la que podrían “monitorear” sus hábitos de sueño para tratar su sonambulismo. Pero tras pasar dos noches no se detectó nada extraño, de hecho en ambas ocasiones Casandra durmió plácidamente toda la noche. El psicólogo tampoco ayudó mucho, únicamente les confirmó lo que ellos ya sabían, que tenía una amiga imaginaria que se llamaba Ana y que tenía su misma edad. El psicólogo le restó importancia al hecho y les dijo que era relativamente frecuente , y más teniendo en cuenta que la niña prácticamente no tenía amistades. Les recomendó que pasaran más tiempo con ella y que trataran de relacionarla con más niños de su edad para que Casandra fuera, poco a poco, olvidando a Ana y centrándose en sus amistades reales.
Los padres siguieron al pie de la letra las indicaciones del psicólogo, pasaban cada vez más tiempo con ella y la dejaban poco tiempo libre para que fuera a “charlar” con Ana en su casa del árbol. Pero eso no hizo más que empeorar su ataque de sonambulismo, parecía como si el tiempo que ya no pasaba con su amiga imaginaria por el día lo compensara por la noche. Sus sueños parecían cada vez más vívidos y en un par de ocasiones el padre la encontró a punto de salir al jardín. La niña cada vez parecía más agotada y con el cansancio acumulado era como si cada noche perdiera más el control y pasara más tiempo sonámbula.
Una noche el padre sintió como alguien bajaba la escalera, al ver a su hija en la puerta de casa un frío le recorrió la espalda. Al contrario que en otras ocasiones, cuando llamó a Casandra la niña pareció ignorarle y solamente le dedicó una mirada fugaz antes de abrir la puerta y salir al jardín. Los ojos de su hija parecían otros, era como si no la reconociera. Asustado, bajó las escaleras y salió corriendo detrás de ella mientras la niña avanzaba en dirección a la casita del árbol; cuando estaba a pocos metros del lugar, la niña se agachó mientras balbuceaba algo que su padre no podía entender.
Casandra comenzó a escavar el suelo con sus manos, su padre al llegar a su lado la escuchó decir “tengo que salir”, “aquí hace mucho frío”. Su padre la abrazó y sintió que su hija estaba congelada, era como si no respondiera y luchaba por seguir cavando, sus pequeños dedos estaban ensangrentados por arañar la tierra y golpearse con las piedras que había en el suelo. Se había roto un par de uñas y aún así parecía no despertarse. El padre no sabía qué hacer mientras la niña pataleaba y le pedía que la soltara y la dejaracontinuar.
De repente, como si se le encendiera una luz en la cabeza, el padre dejó de llamarla por su nombre y la llamó “Ana”, en ese momento la niña se giró y dejó de luchar mientras se le quedó mirando.
- Ana, ¿eres tú?. – dijo el padre.
La niña le miró fijamente con unos ojitos que imploraban que la ayudasen, un par de segundos después se desmayó, al instante abrió nuevamente los ojos y esta vez Casandra con su propio cuerpo miró asustada en todas direcciones como intentando comprender dónde estaba y por qué le dolían tanto las manos. Su padre la llevó dentro de casa, donde su madre se quedó limpiando sus heridas, el daño no era tanto como parecía en la oscuridad de la noche, pero el padre sabía que tenía un asunto pendiente en el jardín, así que mientras su hija se reponía con su mujer, bajó con una linterna y una pala.
Al llegar al mismo lugar donde Casandra había escavado, volvió a sentir un escalofrío. Pero no era momento de tener miedo, empezaba a intuir el motivo por el que su hija no podía descansar por las noches y quería acabar de una vez por todas con el problema. Clavó una y otras vez la pala, hasta que pudo ver algo que le llamó la atención. Una pequeña manita huesuda apareció bajo la tierra. Era tan pequeña como la de su hija y al verla sintió una tristeza tan profunda que se puso a llorar. El padre entre llantos entró a su casa y le pidió a su mujer que no saliera al jardín bajo ningún concepto mientras él realizaba una llamada.
Menos de veinte minutos después un coche de policía y un forense llegaron para levantar el cadáver de una niña de unos seis años. Investigaciones posteriores demostraron que se trataba de Ana, una niña que había desaparecido hace un par de años en uno de los pueblos cercanos. La niña al parecer había sido asesinada, pues su cadáver mostraba signos de violencia. El anterior propietario de la casa la había enterrado en su jardín, sabiendo que nadie podría investigar en una propiedad privada sin una orden judicial.

Ana nunca más se comunicó con Casandra; parece que, al desvelarse su asesinato y detenerse a su asesino, por fin pudo descansar. Pero Casandra siempre guardaría el escalofriante recuerdo de cuando hablaba con un espíritu que no podía descansar.

11/04/2013

LOS FRAILES SIN CABEZA



  Hace mucho tiempo, los habitantes del pueblo viejo caminaban y se reunían en la plaza Santa Catalina hoy plaza de armas de la ciudad de Juliaca. Los noctámbulos pasaban forzosamente por esta plaza, en las esquinas algunas personas conversaban en pequeños grupos sobre los últimos acontecimientos de creación de la provincia de San Román con su capital Juliaca.n una de estas noches, un grupo de amigos que tenían por costumbre dialogar en las esquinas por varias horas, de pronto escucharon, un ruido de espanto, un chirrido áspero y fuerte que helaba hasta los huesos.
Los noctámbulos se pararon contra la pared para percatarse de lo que sucedía y de dónde procedía el espantoso ruido; paulatinamente se les iba apoderando el temor y el susto natural, les iba invadiendo el temor corporal, involuntariamente se movían sus cuerpos, comenzaron a palidecer y los latidos del corazón fueron en aumento; el alumbrado deficiente no facilitaba la visión, el cielo encapotado era otro obstáculo.
 De pronto se despejaron las nubes y dejaron un claro en el cielo, la luna llena, alumbró a todo el pueblo viejo. Fue el momento en que las personas confundidas y miedosas, vieron con asombro y con el aliento contenido como se abría lentamente la puerta grande del templo, siempre acompañado con el ruido fuerte que crepitaba.
Pasaron unos momentos cruciales, que parecían una eternidad; en el interior primeramente se vio el humo denso del incienso que salía al exterior, trascurrieron unos minutos, y aparecieron las figuras inconfundibles de los clérigos, una veintena de ellos en columnas de dos con la capucha puesta; con paso lento, muy lento se dirigían al atrio del templo, se paraban por breves momentos, luego procedían con su caminata procesional, pasaron lentamente la calle Salaverry, para luego llegar a la plaza, el viento incesante silbaba y en otros momentos el viento pareciera que lloraba, semejante a las voces de espíritus, acompañados de aullidos de los perros malolientes y vagos.


La columna de frailes, continuaron su paso procesional, 
los trasnochadores no salían de su asombro, porque los 
cuerpos de los frailes aparentemente estaban configurados normalmente, pero las capuchas negras 
no abrigaban rostros ni cabezas.
A la altura de la antigua pileta de fierro que existía en el 
centro de la plaza, los nocherniegos se restregaban los 
ojos y atónitos se percataron que los frailes no tenían cabezas.
El viento seguía con sus silbidos raros, a veces el murmullo del viento parecían quejidos, también se 
escuchaba el bisbiseo de los rezos casi ininteligibles, con voces roncas y entrecortadas; el grupo religioso en 
columna de dos se acercaba lentamente al colegio San Román, los trasnochadores fueron testigos y vieron como la puerta del colegio se abría lenta y misteriosamente.
Los frailes siempre en columna de dos se introdujeron pausadamente, rezando guturalmente y en igual forma la puerta se cerraba automáticamente, sin que ningún mortal lo hiciese.
Recuperados del susto, las personas que presenciaron todo lo acontecido en la plaza Santa Catalina, percibían en el ambiente una bruma desacostumbrada, con olor penetrante de incienso y sahumerios, acompañado del viento que parecía quejidos, con silbidos nunca antes escuchados, estos se persignaron y rezaron en voz baja.Alguien dijo, esta visión de los frailes sin cabeza, es una señal de progreso para Juliaca, pero antes del progreso acontecerían protestas, luchas y muerte, mucha pena y sufrimientos y el pueblo en su conjunto se levantaría con los brazos en a alto.


10/30/2013


LA CASA ENCANTADA 


En la ciudad de Juliaca, en la esquina formada por los jirones Nicolás de Piérola y Tumbes existe una casa encantada, los vecinos antiguos del lugar cuentan que muchos años atrás, esta casa había sido alquilada para un restaurante o pensión con el nombre de Ojos Azules. Los dueños del negocio y el personal de servicio al terminar la jornada de atención a los comensales cerraron bien las puertas asegurándolas con tranquetas, al pasar al segundo piso a dormir, ni bien estaban en la cama, escucharon extraños ruidos espeluznantes, dueños y mozos pasaron una mala noche, no podían conciliar el sueño.

Al día siguiente, en la madrugada había un desorden que espantaba a los presentes, todo estaba en ruinas, platos rotos, mesas partidas en dos, adornos y cuadros hecho pedazos, la comida sobrante impregnada en las paredes y el techo; era increíble y espantoso lo acontecido.
Los inquilinos estaban con escalofríos en el cuerpo, angustiados y temerosos por su vida, no podían descifrar el suceso, no alcanzaban a comprender el significado y el porqué del hecho espeluznante. Repuestos del percance y del susto, dueños y mozos abandonaron la casa y se trasladaron a otro lugar.
Estos hechos suceden constantemente con los nuevos inquilinos. La casa encantada permanece toda abandonada, nadie se atreve a vivir en ella. En el lugar se comenta que, la casa está habitada por almas que penan o por espíritus malignos que siempre han estado en ese lugar.
Cuando Juliaca no estaba poblada, el cause del río Torococha no estaba canalizada, atravesaba el lugar formando lagunas y pozas. Los vecinos antiguos cuentan que en ese lugar había una poza de regular profundidad donde sucedían cosas raras, especialmente a media tarde o en la puesta del sol salían de las profundidades de la poza las ninfas o sirenas con busto de mujer y cuerpo de pez, estas atraían a los varones con su dulzura y encanto. Tenía una belleza atrayente, rostro hermoso con cabellera de oro brillante y cuerpo de pez color plata. Los varones atraídos por la belleza no se resistían al encanto de la sirena, después de ver el espectáculo irresistible y maravilloso los hombres quedaban sin habla, otros perdían la razón y se volvían locos, algunos se perdían junto con las sirenas para siempre y no se sabe nada de ellos; muy pocos se liberaban de los encantos de las sirenas y solamente después de un largo tratamiento podían recuperarse.

Con el correr del tiempo la población de Juliaca creció considerablemente, se construyeron nuevas calles y viviendas, las sirenas ya no se ven, el río Torococha está canalizado con fierro y cemento, pero continúa el encanto y el misterio en ese lugar. La casa construida sobre la fosa permanece cerrada y los vecinos del lugar lo llaman la casa encantada.

10/24/2013


BIENVENIDOS AL BLOGGER QUE TRATA SOBRE :LOS MITOS Y LEYENDAS


 SERAN DE VERDAD O PURAS MENTIRAS,USTEDES QUE PIENSAN...