LOS FRAILES SIN CABEZA
Hace
mucho tiempo, los habitantes del pueblo viejo
caminaban y se reunían en la plaza Santa
Catalina hoy plaza de armas de la ciudad de
Juliaca. Los noctámbulos pasaban forzosamente por esta plaza, en las esquinas
algunas personas conversaban en pequeños grupos sobre los últimos
acontecimientos de creación de la provincia de San Román con su capital
Juliaca.n una de estas noches, un grupo de amigos que tenían por costumbre
dialogar en las esquinas por varias horas, de pronto escucharon, un ruido de
espanto, un chirrido áspero y fuerte que helaba hasta los huesos.
Los noctámbulos se pararon contra la pared para percatarse de lo que sucedía y
de dónde procedía el espantoso ruido; paulatinamente se les iba apoderando el
temor y el susto natural, les iba invadiendo el temor corporal,
involuntariamente se movían sus cuerpos, comenzaron a palidecer y los latidos
del corazón fueron en aumento; el alumbrado deficiente no facilitaba la visión,
el cielo encapotado era otro obstáculo.
De pronto
se despejaron las nubes y dejaron un claro en el cielo, la luna llena, alumbró
a todo el pueblo viejo. Fue el momento en que las personas confundidas y
miedosas, vieron con asombro y con el aliento contenido como se abría
lentamente la puerta grande del templo, siempre acompañado con el ruido fuerte
que crepitaba.
Pasaron unos momentos cruciales, que parecían una eternidad; en el interior primeramente se vio el humo denso del incienso que salía al exterior, trascurrieron unos minutos, y aparecieron las figuras inconfundibles de los clérigos, una veintena de ellos en columnas de dos con la capucha puesta; con paso lento, muy lento se dirigían al atrio del templo, se paraban por breves momentos, luego procedían con su caminata procesional, pasaron lentamente la calle Salaverry, para luego llegar a la plaza, el viento incesante silbaba y en otros momentos el viento pareciera que lloraba, semejante a las voces de espíritus, acompañados de aullidos de los perros malolientes y vagos.
Pasaron unos momentos cruciales, que parecían una eternidad; en el interior primeramente se vio el humo denso del incienso que salía al exterior, trascurrieron unos minutos, y aparecieron las figuras inconfundibles de los clérigos, una veintena de ellos en columnas de dos con la capucha puesta; con paso lento, muy lento se dirigían al atrio del templo, se paraban por breves momentos, luego procedían con su caminata procesional, pasaron lentamente la calle Salaverry, para luego llegar a la plaza, el viento incesante silbaba y en otros momentos el viento pareciera que lloraba, semejante a las voces de espíritus, acompañados de aullidos de los perros malolientes y vagos.
La columna de frailes, continuaron su paso procesional, los trasnochadores no salían de su asombro, porque los
cuerpos de los
frailes aparentemente estaban configurados
normalmente, pero las capuchas negras
no abrigaban
rostros ni cabezas.
A la altura de la antigua pileta de fierro que existía en el centro de la plaza, los nocherniegos se restregaban los
A la altura de la antigua pileta de fierro que existía en el centro de la plaza, los nocherniegos se restregaban los
ojos y atónitos
se percataron que los frailes no tenían cabezas.
El viento seguía con sus silbidos raros, a veces el murmullo del
viento parecían quejidos, también se
escuchaba el
bisbiseo de los rezos casi ininteligibles, con voces roncas
y entrecortadas; el grupo religioso en
columna de dos
se acercaba lentamente al colegio San Román, los trasnochadores fueron testigos
y vieron como la puerta del colegio se abría lenta y misteriosamente.
Los frailes siempre en columna de dos se introdujeron pausadamente, rezando guturalmente y en igual forma la puerta se cerraba automáticamente, sin que ningún mortal lo hiciese.
Los frailes siempre en columna de dos se introdujeron pausadamente, rezando guturalmente y en igual forma la puerta se cerraba automáticamente, sin que ningún mortal lo hiciese.
Recuperados del
susto, las personas que presenciaron todo lo acontecido en la plaza Santa
Catalina, percibían en el ambiente una bruma desacostumbrada, con olor
penetrante de incienso y sahumerios, acompañado del viento que parecía
quejidos, con silbidos nunca antes escuchados, estos se persignaron y rezaron
en voz baja.Alguien dijo, esta visión de los frailes sin cabeza, es una señal
de progreso para Juliaca, pero antes del progreso acontecerían protestas,
luchas y muerte, mucha pena y sufrimientos y el pueblo en su conjunto se
levantaría con los brazos en a alto.
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