12/02/2013

LA LEYENDA DEL LAGO TITICACA:
 "Origen de los Callawayas"

El gran lago Titicaca, de aguas dulces, el más grande de Sudamérica, a cuatro mil metros de altura en el Altiplano, ubicado entre Bolivia y Perú, era para los Incas un lugar sagrado, pues creían que allí habían bajado los primeros hijos del sol.

Cuenta la leyenda que en esa meseta estaba construida una gran ciudad, tan rica y poderosa, que sus pobladores se creían que todo el mundo debía mostrar sumisión ante ellos.

Llegaron a ella un grupo de andrajosos indios a quienes despreciaron y pedían que se fueran.
Estos indios andrajosos les profetizaron la destrucción de la ciudad a causa de terremotos, el agua y el fuego. Los pobladores de la ciudad se burlaron de estas predicciones y los expulsaron a golpes.

Sin embargo, los sacerdotes quedaron preocupados. Algunos hasta se fueron de la ciudad y se radicaron en el templo de la colina, La gente de la ciudad se burló también de ellos.
Llegó un día en que el cielo y la tierra se hallaron bañados por una luz roja que despedía una nube. Luego se escuchó un relámpago y un tremendo trueno, y la tierra se abrió. Quedaron edificios de piedra en pìe, pero comenzó a caer una lluvia roja, la tierra volvió a abrirse y uno a uno fueron cayendo las fuertes construcciones, los canales de riego se destruyeron, los ríos se desbordaron e inundaron lo poco que quedaba de la ciudad cuyos habitantes eran tan arrogantes y orgullosos.

Las aguas cubrieron todo, y desde ese momento se formó un gran lago sobre lo que fue la admirada y jactanciosa ciudad. Así se formó el Lago Titicaca. Sólo se salvaron los sacerdotes, pues ni el terremoto ni las aguas pudieron arrasar el Templo de la Colina, y quedó ese lugar como una isla, que hoy se llama Isla del Sol.

También se salvaron los indios harapientos que observaron preocupados, desde un lugar alto, la gran destrucción de la bella ciudad. De ellos nacieron los callawayas, que viven en el Altiplano y son los curanderos de grandes habilidades.


LEYENDA DEL TITICACA (Fiesta en el titicaca)

Las gaviotas andinas se habían encargado de llevar la noticia hasta los últimos rincones del Altiplano. Volando de un punto a otro, incansables, habían comunicado a todos que cuando la luna estuviera brillante y redonda, los animales estaban cordialmente invitados a una gran fiesta a orillas del lago. El Titicaca se alegraba cada vez que esto sucedía.
Cada cual se preparaba con esmero para esta oportunidad. Se acicalaban y limpiaban sus plumajes y sus pieles con los mejores aceites especiales, para que resplandecieran y todos los admiraran. Todo esto lo sabía Tatú, él quirquincho, ya había asistido a algunas de estas fastuosas fiestas que su querido amigo Titicaca gustaba de organizar. En esta ocasión deseaba ir mejor que nunca, pues recientemente había sido nombrado integrante muy principal de la comunidad. Y comprendía bien lo que esto significaba... Él era responsable y digno. Esas debían haber sido las cualidades que se tuvieron en cuenta al darle este título honorífico que tanto lo honraba. Ahora deseaba íntimamente deslumbrarlos a todos y hacerlos sentir que no se habían equivocado en su elección.

Todavía faltaban muchos días, pero en cuanto recibió la invitación se puso a tejer un manto nuevo, elegantísimo, para que nadie quedara sin advertir su presencia espectacular. Era conocido como buen tejedor, y se concentró en hacer una tramafina, fina, a tal punto, que recordaba algunas maravillosas telarañas de esas que se suspenden en el aire, entre rama y rama de los arbustos, luciendo su tejido extraordinario. Ya llevaba bastante adelantado, aunque el trabajo, a veces, se lehacia lento y penoso, cuando acertó a pasar cerca de su casa el zorro, que gustaba de meter siempre su nariz en lo que no le importaba.
Al verlo, le preguntó con curiosidad que hacía y este le respondió que trabajaba en su capa para ponérsela el día de la fiesta en el lago, el zorro le respondió que cómo iba a alcanzar a terminarla si la fiesta era esa noche. El quirquincho pensóque había pasado el tiempo sin notarlo. Siempre le sucedía lo mismo... Calculaba mal las horas... Al pobre Tatú se le fue el alma a los pies. Una gruesa lágrima rodó por sus mejillas. Tanto prepararse para la ceremonia... El encuentro con susamigos lo había imaginado distinto de lo que sería ahora. ¿Tendría fuerzas y tiempo para terminar su manto tan hermosamente comenzado?
El zorro captó su desesperación, y sin decir más se alejó riendo entre dientes. Sin buscarlo había encontrado el modo de inquietar a alguien...y eso le producía un extraño placer. Tatú tendría que apurarse mucho si quería ir con vestido nuevo ala fiesta. Y así fue. Sus manitos continuaron el trabajo moviéndose con rapidez y destreza, pero debió recurrir a un truco para que le cundiera. Tomó hilos gruesos y toscos que le hicieron avanzar más rápido. Pero, la belleza y finura iniciales del tejido se fueron perdiendo a medida que avanzaba y quedaba al descubierto una urdimbre más suelta. Finalmente todo estuvo listo y Tatú se engalanó para asistir a su fiesta.
Entonces respiró hondo, y con un suspiro de alivio miró al cieloestirando sus extremidades para sacudirse el cansancio de tanto trabajo. En ese instante advirtió el engaño... ¡Si la luna todavía no estaba llena! Lo miraba curiosa desde sus tres cuartos de creciente...
Un primer pensamiento de cólera contra el viejo zorro le cruzó su cabecita. Pero al mirar su manto nuevamente bajo la luz brillante que caía también de las estrellas, se dio cuenta de que, si bien no había quedado como él lo imaginara, de todosmodos el resultado era de auténtica belleza y esplendor. No tendría para qué deshacerlo. Quizás así estaba mejor, más suelto y aireado en su parte final, lo cual le otorgaba un toque exótico y atractivo. El zorro se asombraría cuando lo viera... Y, además, no le guardaría rencor, porque sido su propia culpa creerle a alguien que tenía fama de travieso y juguetón. Simplemente él no podía resistir la tentación de andar burlándose de todos... y siempre encontraba alguna víctima.
Pero esta vez todo salió bien: el zorro le había hecho un favor. Porque Tatú se lució efectivamente, y causó gran sensación con su manto nuevo cuando llegó, al fin, el momento de su aparición triunfal en la fiesta de su amigo Titicaca.

EL CANTO DE LA MUJER PEZ

Los cuentos y cantos de sirena se suceden casi día a día, pero en enero de 2001 el rumor fue más allá y se hizo noticia. El diario Extra anunciaba que habían atrapado una sirena viva en el Titicaca. “Era época de lluvias –rescata Max Tancara, quien rastreó al misterioso ser por medio lago–. Llovía día y noche y todos trataban de buscar una explicación al hecho. Hasta que las vendedoras de pescado lanzaron su respuesta: dicen que han atrapado una sirena,joven”.Y el Extra puso en marcha una de las investigaciones más extrañas de su vida“Recorrimos varias poblaciones del Titicaca –prosigue Max–. Algunos no sabían nada y otros nos iban dando pistas. Así hasta que llegamos a Santa Rosa de Taraco. Allá todo era silencio,nadie nos quería hablar.Pero en las casas que casi se metían en el lago encontramos lo que buscábamos. Según sus pobladores, uno de los vecinos, Macario Apaza, había encontrado la imagen de una sirena esculpida en piedra y fue a venderla a la Argentina. Para muchos en el pueblo esa fue la causa del desfase que atrajo inundaciones hacia el altiplano”.En La Paz fue tal el revuelo que se agotaron los ejemplares del Extra, en los minibuses se vendían las fotocopias a Bs. 1 y varios periódicos y semanarios le daban columnas a este suceso. Y las semanas siguientes a la primera publicación, el 29 de enero, las historias de sirenas llenaban con sus cantos los corrillos de mercado, las aceras y las tiendas de barrio.Todas tenían similares mimbres: atrapaban a la sirena, ella rogaba que no la sacaran de su lugar de origen y amenazaba con tormentas nunca vistas si no lo hacían. En algunos casos se hablaba de la red de unos pescadores de Tiquina en la que se había enganchado el ser mitológico y donde había muerto; otros decían que se la habían llevado a Puno; y algunos que medía entre 20 y 40 centímetros. Mientras la lluvia era tan intensa que ya afectaba a nueve comunidades de la zona y había arrasado con tierras, casas y cultivos cerca de ViachaY fue entonces que la atención se desvío para otro lado, hacia el puerto de Guaqui. La pintora Marta Cajías, una enamorada de estas ninfas, lo recuerda aún emocionada. “A mí me lo contó una comadre de Puerto Acosta. Me aseguró que la había visto. ‘Es rosadita y con muchos senos’, decía. Según ella, los militares del regimiento de la naval la metieron en una tina de cemento mientras les increpaba en aymara.Los soldados cobraban por dejarla ver, como atracción de feria, y muchos pobladores cuentan haberla espiado de las lomas